Para Taiana, tras el golpe en Chile, Perón «vio que estábamos ante un cambio de etapa en la región»

(Por G.C.) El golpe del 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende tuvo «un gran impacto» en el proceso político de la Argentina, señala el ministro de Defensa Jorge Taiana al recordar «las masivas y enormes manifestaciones a las que fuimos muchos y que eran de solidaridad con Chile, se desarrolló mucha solidaridad activa que ayudó a cruzar la cordillera a un montón de gente, que cobijó en su casa a muchas personas que si no las hubieran matado».

Por aquellas semanas, el peronismo se acercaba a una gran elección en la que «Perón sacó un triunfo extraordinario», apunta Taiana, pero de este lado de la cordillera «fue quedando claro qué ese golpe había reunido una serie de fuerzas y alianzas internas y externas que querían terminar con el experimento chileno, que ese era el mensaje básico».

El ex canciller argentino evoca a su padre, por entonces ministro de Educación y médico personal de Juan Perón, a quien iba a verlo todos los días, que le contó que aquellos 11 y el 12 de septiembre, «el General» estuvo sentado frente al televisor sin hablar siguiendo lo que acontecía en Chile «creo que quizá percibiendo mejor que otros que eso que estaba pasando ahí tenía una trascendencia mucho mayor que la que entonces muchos le asignábamos».

Taiana agrega que Perón «vio que estábamos ante un cambio de etapa en la región y que ese auge de masas y de reclamos sociales que venía por lo menos del ’68 en Argentina, por lo menos de cuando se crea la CGT de los argentinos y después con el Cordobazo, el Rodrigazo, el Rosariazo, el Mendozazo, había habido montones de manifestaciones hasta lograr terminar con la proscripción, pero ese auge y esa expectativa de un gobierno popular que atendía a los más humildes entraba en un ciclo distinto».

– Télam: Es imposible no asociar la figura de Augusto Pinochet con la de Margaret Thatcher, no sólo por sus políticas económicas sino también por su relación personal.

– Jorge Taiana: Exactamente.

– T: ¿Cómo reflexionar entonces desde Argentina sobre ese proceso chileno al pensar en Malvinas, incluso el conflicto con el Beagle?

– JT: Indudablemente el Reino Unido ha buscado, de modo permanente y a lo largo de varios siglos, la desunión de la región y el enfrentamiento entre los hermanos. Y eso vale desde la guerra argentino-brasileña de la década de 1820, que termina en la independencia de Uruguay, y facilita que la entrada a la cuenca del Paraná no esté en manos de un solo país. Eso se manifiesta después en la Guerra de la Triple Alianza de manera notoria. Y luego siempre han tenido y mantienen una política de «divide y reinarás». Y por lo tanto van a alentar todas las circunstancias que puedan tratar de distanciarnos y de lograr el acercamiento de ellos con otros países de la región. Y eso es un proceso. Tenemos una buena relación con Chile. Superamos esa situación del ’78, ’79, donde la dictadura antes de hacer la guerra de Malvinas, condenada a la derrota frente a la OTAN, intentaron hacer una guerra con Chile, que la paró el Papa. Pero hemos logrado mantener esa relación, que es una relación que se ha consolidado, que llegó al acuerdo del Beagle, que ya ha cumplido más de 30 y tantos años. Y después un Tratado de Paz y Amistad, ya con Bachelet y con Cristina Kirchner, en el Acuerdo del Maipo, se transformó ya no solo un acuerdo de paz, sino en un acuerdo más cercano al camino de la integración.

Recordemos que el del Beagle fue, en la época de Alfonsín, un acuerdo defensivo: «Garanticemos que no nos peleamos». Pero ahora había que pasar a un paso superior. Se pasó a ese paso superior y se va avanzando con las velocidades distintas que ponen los gobiernos más integracionistas y los menos integracionistas. (Sebastián) Piñera y (Mauricio) Macri eran gobiernos no integracionistas, no querían integración, querían sumarse a una globalización -más o menos- abierta y donde todo era- más o menos- lo mismo, pero no producir un proceso de integración más firme como el que había planteado Lula, por ejemplo, con claridad, frente a Néstor Kirchner y después a Cristina, que es un proceso de integración regional fuerte.

– T: ¿Bajo qué concepción se daba ese proceso que describe?

– JT: Bajo la idea de que la globalización en general favorece a los que son más poderosos, que tienen capacidad de moverse por todos lados. Mientras que una integración regional es una forma de fortalecerse frente a ese proceso de globalización.

Ahora estamos en un cambio del mundo y justamente los mismos poderosos dicen «bueno, globalización sí, pero en algunas cosas no». Entonces Estados Unidos está en el «nearshoring» o «reshoring» (NdR: expresiones anglosajonas que refieren, en el primer caso, a la decisión de mudar fábricas del país de origen a uno cercano en el cual desde los salarios de los trabajadores hasta los costos e impuestos sean más baratos y, en el segundo, a la relocalización de la producción de bienes de las filiales exteriores a su país de origen).

Pero en todo caso, lo que queda claro es que la integración regional, que ya se concebía el ABC de Perón en los años 50, con (Carlos) Ibáñez y con Getulio Vargas, Argentina, Brasil y Chile, toma fuerza, toma actualidad en un proceso de integración regional que parece muy imprescindible a la hora de pensar en el futuro.

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